julio 12, 2015

En el eterno ejemplo: Vive Mariana Grajales (+ Video)

“¿Qué había en esa mujer, qué epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como la raíz del alma, con suavidad de hijo, y como de entrañable afecto?” 
José Martí
Detalle de la tumba donde reposan los restos de la mambisa
en la ciudad de Santiago de Cuba
Cuando hablamos de Mariana Grajales al instante nos llegan a la mente los grandes generales mambises Antonio o José Maceo. Y es que esta mujer, pletórica de amor, mandó a la manigua, sin miramientos, a sus hijos, en busca de la libertad de la Patria. Aunque más allá de su papel significativo, como madre de una de las familias más heroicas de esta Isla, el papel de esta gran cubana, va más mucho más lejos.
Pero, ¿por qué llega Mariana a las entradas de GabyCuba? Pues porque el próximo 12 julio celebraremos, con júbilo, el bicentenario de tan insigne patriota. Santiaguera de pura cepa, que gracias a su ascendencia dominicana de mulatos libres- por sus padres: José Grajales y Teresa Coello- pudo recibir, hasta donde fue posible para su clase social, una mediana instrucción y un fuerte mensaje ético. Aspecto que  transmitió a su prole.
Como muy pocos saben, no todos los hijos de Mariana, fueron de apellido Maceo. Los cuatro primeros, Felipe, Fermín, Manuel y Justo, son hijos de su primer esposo: Fructuoso Regüeiferos, del cual enviuda en 1840. Después llegaría a su vida Marcos Maceo, con quien engendraría, primero, en 1845, al gran Antonio, el primogénito. Posteriormente llegarían José, Rafael, Miguel, Julio, Tomás y Marcos. A estos se les suman las hermanas Baldomera, Dominga y María Dolores –quien moriría a los 15 días de nacida.
Mariana Grajales Coello
Cuentan los historiadores que Mariana fue una mujer de extraordinaria disciplina. Se mostraba tierna y bondadosa, pero cuando ameritaba el orden y el respeto, resultaba inflexible en la conducta. Dicen, asimismo, que reglamentaba las horas exactas de las comidas y el sueño – ningún miembro de la familia podía estar fuera de la casa después de las 10 de la noche–, quizás previendo el futuro militar de sus hijos. Su vivienda siempre estaba ordenada y limpia, ella y sus niños se vestían con la mayor pulcritud.
Según varios cronistas, a la vista de los hijos, siempre fue la compañera del padre. En conjunto examinaban y discutían todos los problemas y ambos tomaban de mutuo acuerdo las decisiones. Siempre los recordarían “consultándose las dificultades, felices en la expansión hogareña, juntos sobre el dolor y la felicidad”.
Varios días después de romperse las hostilidades entre cubanos y españoles, el 10 de octubre de 1868, Antonio, José y Justo fueron los primeros en sumarse a la contienda. Salieron hacia Ti Arriba convencidos y decididos a defender la Patria con el grupo de alzados. Mariana, derramando alegría, mencionan que hizo jurar a sus hijos de rodillas y frente a un crucifijo de Cristo… “Juremos libertar a la Patria o morir por ella”.
Todos sus hijos participaron en la Guerra Grande, aunque no todos sobrevivieron. El primero en caer fue su esposo, y después murieron Felipe, fusilado siendo capitán; Fermín, en la acción de Cascorro, el 18 de abril de 1874; el sargento Manuel cayó en el combate de Santa Isabel, y el capitán Justo, prisionero y fusilado cerca de San Luis. El general de brigada Rafael fue hecho prisionero tras la Guerra Chiquita y enviado a las cárceles de Chafarinas, en Marruecos, donde murió; el teniente coronel Miguel cayó junto a su hermano Fermín, en Cascorro y Julio, siendo subteniente, murió heroicamente en la Acción de Nuevo Mundo.
Tras la onerosa firma del Pacto del Zanjón, el general Antonio, previendo que su madre se convertiera en un valioso trofeo de guerra, preparó con cuidado el traslado de la valerosa mambisa. En mayo de 1879, acompañada por otra excepcional mujer, María Cabrales, partió hacia Jamaica. Allí, le sorprendería la muerte el 27 de noviembre de 1893.
Pero, más allá de su papel de madre de una honrosa estirpe de cubanos, ¿qué más representa Mariana? Ella es uno de los paradigmas de la mujer cubana: redentora en la manigua, consejera, enfermera. Ejemplo de sacrificio y amor a su tierra. (…) “símbolo de la identidad cubana, su historicidad, de su composición geográfica y étnica”.