octubre 22, 2009

Para no reír frente al espejo

Este mundo es un absurdo. Y no es mera afirmación ilógica o desvaríos de mi mente agobiada por el calor y la desidia. Es un hecho consumado y demostrado a cada instante, en el que el día a día marca nuestra existencia y la información circula como mercancía incontenible.
Una vez más se desayuna el mundo una noticia insólita: la reciente entrega del Premio Nobel de la Paz –cabe preguntarse si la paz es relativa- al honorable presidente de los Estados Unidos de América, señor Barack Husseim Obama.
Ofensa gigante. Eso es lo que es este “premio”. Ofensa para los millones de afganos e iraquíes que sienten bajo sus cuerpos la pesada bota de la invasión yanqui. Ofensa para los millones de estadounidenses que confiaron en un change a la hora de elegir los destinos de su país. Ofensa para los latinoamericanos, europeos, asiáticos que desean un mundo mejor, sin violencia y sin mentiras tan enormes.
Analicemos un segundo. ¿Qué ha hecho Obama para tan significativo reconocimiento mundial? Eso es lo inexplicable del suceso. Obama sólo ha “prometido”; nada tan lejos de lo que se espera de un premio Nobel de la Paz. Y no es este un premio a las promesas más esperanzadoras en el planeta, sino a las acciones concretas a favor de un entendimiento y conciliación pacífica de problemas, en los cuales una persona o institución, tengan en su participación o influencia, un papel determinante.
Contrario a esto, sus acciones ante la guerra en Afganistán, han sido la de enviar más efectivos militares y presupuesto -todavía quieren hacer creer que hay terroristas en ese país- ¿querrá imponer la paz con la guerra? Y en Irak, es el mismo cuento: se retirarán las tropas, sí, pero en la fecha que estaba determinada de antemano por la administración saliente. Mientras que el peligro de muerte para los soldados americanos se hace más preocupante cada día.
Otra cara de la moneda, Europa Oriental, Polonia. País que ha aceptado la colocación de misiles interceptores estadounidenses (SM-3) en su patio, ¿para cuidarse de quién? “de misiles desde Irán y Corea del Norte hacia la nación estadounidense” –afirman- pero este hecho no hace más que reavivar las viejas rencillas de la Guerra Fría y no intimida a una Rusia poderosa y bien parada.
No ha determinado una clara posición respecto al golpe de estado en Honduras, no hay acercamiento o pronunciamiento respecto al tema Bloqueo a Cuba o a la liberación de los Cinco Héroes cubanos prisioneros en sus cárceles injustamente.
Una cosa es clara, Obama no es ningún personaje aislado de los intereses geopolíticos y expansionistas de su administración. Es un multimillonario, habituado a convencer a fuerza de capitales; si bien es cierto que respecto a su predecesor es incuestionable la transformación de carácter, la verborrea apasionada y el cambio de actitud; en el trasfondo es la misma bruja disfrazada de ancianita dulce.
No pretendo hacer leña del árbol caído, es cierto que el presidente Obama heredó un país envuelto en una crisis económica, ambiental y social que amenaza a la especie humana, pero esta es consecuencia directa del derroche y las ansias consumistas de un sistema político enajenante, cuyos efectos se diseminan por todo el orbe como los tentáculos de un pulpo.
Estamos de acuerdo que no se puede cambiar de golpe y porrazo toda una ideología. Que no se puede luchar contra los intereses y el poder de un complejo militar-industrial que representa uno de los principales renglones económicos de ese país. Pero sí se puede tener conciencia, respeto y responsabilidad ante y para el mundo, para que al mirarnos en el espejo no esbocemos una sonrisa de decepción después de escuchar la última noticia.