julio 11, 2016

Dame un chance

Por Yoel Almaguer de Armas

A las ocho y cuarto siempre pasa un P16 por la parada de Tulipán y Boyeros, en La Habana. Parece que hoy los choferes tuvieron problemas en el cambio de turno, o se demoraron más en las paradas. Y hasta quizá le quitan la estimulación de este mes, porque el P16 que debe pasar a las ocho y cuarto por mi parada, no pasó.

Hay mucha gente en esta parada. Hay un hombre impaciente que habla de Cuba, y una mujer que se ríe de su impaciencia; hay muchos jóvenes con audífonos, sin apuros y obviando todo lo que les acontece; hay una señora que le pregunta al inspector de trasporte cuál es su función; y hay un hombre mayor que vende pirulís, “para calmar los nervios y quitar el desespero”, dice.

Se acerca tarde la guagua. La gente corre hacia ella, no al revés, como debería ser un día. El chofer para el ómnibus y el inspector le dice: -¡Abre el do!- Y hay quien le pone los cuarenta quilos en la mano al inspector.

-¡Por favor, avancen que esa guagua está vacía. Mira ahí, señora, la del pulóver rojo: Si usted no va a caminar deje que los demás pasen!

-¡Niño, qué te passsa. ¿Dónde tú ves el hueco, si aquí no cabe más nadie? Y es más, de aquí no me voy a mover!

-¡Chofeee, baja esa música que me tienes locaaaa, tan temprano con el cún cún ese..!
Y así salimos de Tulipán y Boyeros.

En la guagua pocas personas hablan, porque parece que nadie se conoce. Pero yo sentía que la mujer de los tacones grises se echaba para el lado para que el hombre que venía en la puerta pudiera entrar, y vi que uno de los muchachos de los audífono se quitó la mochila para que el médico que llevaba su bata blanca en la mano diera medio paso para sujetarse, y observé que la niña sentada y yo mirábamos lo mismo.

Los cubanos nos sacrificamos para llegar, para estar y vivir. Sentimos el calor temprano, y vamos apretados en este P16 con gente que va tarde al trabajo y que necesita llegar al turno médico. En esta guagua cada quien lleva su problema y nadie habla de ellos, porque quizá les da pena tanta identificación.

En la guagua hay un letrero que dice: “Zuly la farandulera”; y “Rafa, el locote de La Lisa”. Y también viaja una rubia que habla alto porque un hombre de casi dos metros la “repelló”: -“Señora, disculpa”-. Y ella le dijo: “pipoooo”, y le quitó la mirada.

En tiempos de crisis, los cubanos hemos hablado de solidaridad y compresión, hemos hablado de sentido común y de necesidades, hemos criticado y filosofado cuando la dificultad se hace más dura, cuando las soluciones se observan lejos y cuando falta el pan en la mesa.
Los cubanos somos cubanos no solo porque marchamos en la plaza, o frente al Héroe. 
Quienes vamos en este P16 sabemos que la realidad está dura y que a veces hay que decir: -“Chofe, no tengo menudo para darle ahora”-, y avanzar con pena hasta el final de la guagua. Hasta el final, siempre.

Vamos en este P16 lleno de gente rara sin medallas. Gente alta que tocan el techo, y otras tan pequeñas que no pueden agarrarse, gente que se pregunta en silencio si realmente vale la pena, pero como el chofer frena de momento, todas las dudas pasan, y la Patria nos sigue contemplando orgullosa.

Suerte de los cubanos tener colas y ver mucha gente en las paradas, en la Tulipán y Boyeros o en cualquier otra del país. Suerte nuestra la de saber que merecemos más, que el futuro debe ser mejor y que a pesar de todo, seguiremos criticando, exigiendo, creyendo, y defendiendo la oportunidad de ser cubanos, aunque siempre alguien niegue.

-¡Ay, mi uñerooo..!

-¡Chofeee, abre otra vez, que me cogiste el brazoooooo!

En la última parada la gente baja rápido del P16. Debe ser por el apuro.

Y dejan al chofer, solo, escuchando su música: “No hay nada más difícil que vivir sin ti, sufriendo en la espera de verte llegar…”