Mírame- le dijo Chico toscamente. Le agarró con su mano las mejillas y le estampó un beso rudo, obsceno, sobre los labios. Ella sonrió apenas y lanzó una dura mirada a la otra joven que, sentada sobre el segundo muslo de Chico, reía a carcajadas.
Chico, en su rol de macho dominante, la hizo callar con los ojos. La muchacha, muy bonita, de amplias cejas y pelo espeso y negro, como pidiendo perdón, acercó su boca a la del joven y le regaló un beso profundo, acompañado de llamativas caricias y expresiones solapadas de placer.
