Cuba se encuentra apegada al cambio. En estos últimos lustros la máxima dirección del país ha dejado claro que resulta una necesidad transformar tanto la economía como viejos hábitos y esquemas obsoletos. Precisamos cambiar la mentalidad y desterrar la abulia, el desinterés y otras manifestaciones que obstaculizan el desarrollo.
Cada uno de nosotros, desde nuestro pequeño lugar, participa, sueña, construye, aporta -algunos con más ganas o energía. De nuestro esfuerzo –de las familias, cuadros e instituciones- dependerá en gran medida el avance de este proyecto que se debate hoy entre la ineludible continuidad y el ominoso peligro de olvidar.
