Falta solo una semana para que explote la pasión por el fútbol. Brasil se viste de gala y tras las muchas sensibles ausencias, se augura un muy buen Campeonato Mundial.
Yo, por mi parte, soy un fanático apasionado. De esos que lloran al final de los partidos, ya sea por el anhelado triunfo o la desoladora derrota.
Mi equipo favorito no lo escogí por amor a un país, ni por el fútbol que regalan –que es muy bueno, por cierto-, sino que viene a través de la admiración personal a uno de los más grandes en ese deporte: Diego Armando Maradona. No hay mayor poesía física que disfrutar de su arte en México ´86 y en el Napoli, de la Serie A italiana. ¿Quién puede negarme que esos dos extraordinarios goles que anotó frente a Inglaterra no son los dos mejores de la historia?
