Yo no había nacido cuando explotó el avión de Barbados. Mis padres aun eran adolescentes, y me contaron hace ya tiempo, que recuerdan como las lágrimas surcaban el rostro triste de las familias; que recuerdan la fuerza suprema de Fidel Castro en su discurso:
“¡(…) cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!