Prudencia. Esa ha sido la pieza fundamental del ajedrez político que maneja por estos días Vladimir Putin tras la oleada de sucesos en la órbita rusa. Y no es para menos, ya que en sus manos se halla el poder de desatar la catástrofe, al responder, como muchos quisieran, ante tantas provocaciones sufridas en menos de un mes.
La última de estas noticias, que nos alarman, por su impacto y alcance, ha sido el siniestro, este domingo, del TU-154 con sus 92 pasajeros en el mar Negro. Una información que enseguida desató los rumores acerca de un atentado y preocupó, por las supuestas represalias que debía tomar el Kremlin ante otro hecho doloroso, tras el asesinato la pasada semana de su embajador en Turquía a manos de un fanático islamista.
La última de estas noticias, que nos alarman, por su impacto y alcance, ha sido el siniestro, este domingo, del TU-154 con sus 92 pasajeros en el mar Negro. Una información que enseguida desató los rumores acerca de un atentado y preocupó, por las supuestas represalias que debía tomar el Kremlin ante otro hecho doloroso, tras el asesinato la pasada semana de su embajador en Turquía a manos de un fanático islamista.
