Lázaro, como millones de cubanos, es un trabajador incansable. Lo muestran a cada instante sus callosas manos negras. Diariamente, bajo el sol, abre surcos a la tierra y logra que del fruto de su labor muchos se alimenten. Lázaro es un tipo jovial, educado, al que no le molestan muchas cosas; entre ellas la mirada de desdén de Josefina cada vez que pasa frente a su casa.
María es una fiel creyente. Profesa con orgullo la religión de sus ancestros, y venera a sus orishas con la delicadeza y el respeto que le trasmitieron sus bisabuelos cimarrones. Más allá de eso, es una cubana como muchas, abnegada, madre de dos hijos y enfermera. María a ratos se entristece cuando escucha hablar mal “de esa religión de negros”.
María es una fiel creyente. Profesa con orgullo la religión de sus ancestros, y venera a sus orishas con la delicadeza y el respeto que le trasmitieron sus bisabuelos cimarrones. Más allá de eso, es una cubana como muchas, abnegada, madre de dos hijos y enfermera. María a ratos se entristece cuando escucha hablar mal “de esa religión de negros”.


