mayo 03, 2016

Caminar por La Habana...y otros sueños dispares

Cuando era chamaco ir a La Habana era una fiesta. No importaba que los motivos fueran, en la mayoría de las ocasiones, a causa de novedades familiares o interminables consultas médicas. Estar en La Habana era una fiesta, que con suerte se extendía algunos días...


Y no por que La Habana fuera el centro del mundo, que a los habaneros les encanta la idea, sino porque para un holguinero devenido matancero, criado a más de 90 kilómetros de la ciudad más cercana, entre el polvo pegajoso de las guardarrayas y los terraplenes, los ruidos ensordecedores de un central azucarero, los juegos de pelota de manigua y la caza de pájaros, entrar a la capital de todos los cubanos y deslumbrarse con tanto auto, tanto asfalto, tantas luces era una novedad sin parangón.

Si a todo eso le sumabas que mis tíos me paseaban por La Habana Vieja y los museos, la casita de Martí y el Barrio Chino, la PLaza de la Revolución y La Rampa, me enseñaban de cerquita la historia que yo de lejos leía en los libros...visitarla de tanto en tanto resultaba para un chico de 12 años, muy entretenido y provechoso.

Pero el tiempo me curó de tanto sueño, y hoy La Habana para mí, no es más que una urbe ruidosa y avejentada. Llena de andamios y edificios hermosos, pero carcomidos por la desidia, la falta de recursos y el abandono. Una ciudad dónde la belleza se transmuta en viejos almendrones, calles sucias y derruidas, y muchachas ataviadas de cigarros y vestidos apretados...

La Habana ha perdido mucha de su belleza, y hoy tal parece el centro del planeta. Los Satánicos Reyes vienen, y dan un concierto gratuito; Vin Diesel y su tropa de alocados choferes filman en el malecón unas escenas de su secuela de Rápido y Furioso; el enorme crucero Adonia ancla por primera vez en la rada de la ciudad, marcando un suceso que se reencuentra con La Habana tras más de cincuenta años, y eso nos enorgullece, pero nos hace preguntarnos, ¿y qué? ¿qué ha cambiado? ¿es por eso La Habana un sitio diferente?

No lo creo. Falta mucho aún para que recupere el aliento y las ganas nuevas, para que yo regrese a añorarla como antes, a desearla como amante secreta y esquiva...para que sea MI Habana.