mayo 23, 2016

Cuando la muerte se transforma en vida...

Ileana y Sonia quizás ya no recuerden a su padre. Posiblemente una lejana remembranza florezca, acompañada de sonrisas e infantiles juegos, cargadas sobre unos brazos fuertes y curtidos. A su papá, Lázaro González Fagundo, lo mataron en la flor de la vida, cuando la Revolución era tan joven como él, y Cuba sobrevivía a los convulsos momentos del ataque mercenario de Girón y la Crisis de Octubre.

Guajiro de pura cepa, Lázaro nació el 17 de diciembre de 1935, en la finca San Juan, en Agramonte, Jagüey Grande, en una familia tan pobre como numerosa. Tal vez por esa causa, Lazarito desde temprana edad tuvo que enfrentar los rigores del surco, del sol y del trabajo. Tal vez por esa causa, forjó su recio carácter, su habitual serenidad y reserva, capaces de convertirlo en esa temprana edad en colaborador del Movimiento 26 de Julio. Con solo 15 años vendía bonos, distribuía propaganda y realizaba otras peligrosas acciones.

Con el triunfo de la Revolución, en enero de 1959, un mar de oportunidades se anunció para Lázaro, al igual que para muchos jóvenes de Cuba, que padecían sobre sus hombros el peso de la explotación. Comenzó a trabajar en el vivero de Jagüey Grande, gracias a su experiencia en las labores agrícolas. Allí se incorpora a un aula de obreros y campesinos y obtuvo el nivel de 6to grado. En 1960 pasa a trabajar en la disecación de la Ciénaga de Zapata y en la construcción de la carretera y en 1961 obtiene una plaza de chofer de lanchas del nuevo centro turístico Guamá.

Pero su impronta deviene por su actividad revolucionaria, por su apoyo denodado a la sociedad que se construía, por su actitud y entereza. El joven Lázaro fue miembro del Batallón 225 que subió las lomas del Escambray a limpiarlas de bandidos, participó en los combates de playa Girón y se integró activamente a la Unión de Jóvenes Comunistas, a las Milicias Nacionales Revolucionarias y a los Comités de Defensa de la Revolución (CDR).
Precisamente en los CDR su actividad fue reflejo de su naturaleza. Desde que se constituye la organización comienza a trabajar en ella junto a otros compañeros y es seleccionado como el primer presidente del CDR No.1 César Modesto Rodríguez Alayón de la Zona No.2 en su natal Jagüey Grande.

Entonces contribuía con la propaganda y obraba como uno de los encargados de la proyección de películas a diferentes barrios de campo, entretenimiento que se utilizaba para trasladar cultura y conocimiento a los empobrecidos y analfabetos pobladores de esos bateyes, y para calmar los ánimos de las masas ante los constantes ataques de alzados, actos terroristas y acciones contrarrevolucionarias.

El 30 de noviembre de 1962 ocurrió la fatalidad que apartó a Ileana y Sonia de su padre. Rumbo a Quemado Grande, Lázaro y otros compañeros, pertenecientes a las Organizaciones Revolucionarias Integradas, fueron víctimas de una ráfaga de ametralladora. Dos proyectiles, uno en su hombro, que le atravesó la espalda, y otro en la ingle, segaron la vida del joven de 27 años.


Lázaro González Fagundo, el primer mártir de los CDR, es símbolo y estandarte de la juventud cubana. Es preclaro ejemplo de revolucionario. Es otro héroe cubano, de esos que brotan en las calles, de las entrañas de esta Isla, caído en la lucha por nuestra plena independencia.