junio 04, 2014

Gerardo Hernández y el fin del terrorismo contra Cuba

Quizás sea el amor el arma más eficaz contra la injusticia
El pasado 8 de mayo se conoció por la prensa que funcionarios de la Cancillería de Cuba y de la Sección de Intereses de Estados Unidos en la Isla, se reunieron para discutir sobre el caso de los cuatro cubanoamericanos apresados por planear acciones terroristas.

José Ortega Amador, Obdulio Rodríguez González, Raibel Pacheco Santos y Félix Monzón Álvarez fueron detenidos por las fuerzas del Ministerio del Interior, el pasado 26 de abril, bajo la acusación de coordinar ataques contra instalaciones militares en la Mayor de las Antillas. En la nota informativa emitida se supo que el plan seguido por los detenidos estaba dirigido desde Miami por Luis Posada Carriles.

Cuatro días después de su captura, Estados Unidos divulgaba su unilateral lista anual de países a los cuales considera patrocinadores del terrorismo, y entre ellos, además de Sudán, Siria e Irán, incluía a Cuba, bajo el pretexto de que las autoridades cubanas proporcionan armas, refugio o entrenamiento paramilitar a las FARC-EP o la organización vasca ETA.

Resulta muy contradictorio que una nación se autoproclame paladín de la lucha contra este flagelo, mientras sus fuerzas militares y armas inteligentes –como los drones- siembren el pánico y la muerte en incontables regiones del globo. Llama la atención que el discurso de sus líderes abogue por una convivencia pacífica y amigable, propiciando el respeto a los derechos humanos y sus manos firmen resoluciones que aprueban, amparan y apoyan con fondos y armamento a grupos violentos que actúan para desestabilizar numerosos gobiernos del planeta. Así ocurre hoy en Siria y Ucrania. 
Esta lista no es más que una vía, un instrumento político para amenazar y sancionar a quienes no se alineen a los dictados e intereses yanquis. Contra Cuba, esa injusta inclusión permite mantener el criminal bloqueo. Legislación que continúa demostrando su obsolescencia y falta de sentido, más aún tras las nuevas aperturas y pasos que a raíz de la actualización del modelo económico ha hecho nuestro país. 

Pero, quizás parecía que los métodos violentos, esos que provocaron la muerte a más de 2 mil cubanos y dejaron otros miles de discapacitados, se habían terminado. Todos recordamos con pesar los sucesos del 2003, en los cuales los acólitos de Miami trataron de forzar un cambio en la Isla. Época en la que residió, en la Casa Blanca, el presidente más ignorante de la historia de los Estados Unidos: George W. Bush.

Posada Carriles, el terrorista más reconocido de este hemisferio y el más bienhadado líder de la mafia anticubana, ha afirmado en recientes declaraciones que no descansará hasta ver a “Cuba libre”. Para ello, ya sabemos de los métodos de que se vale.

Pero casualmente ayer Gerardo Hernández cumplió 49 años tras las rejas. Quien consagró parte de su vida, no sin poco riesgo, a convertirse en el jefe de un equipo de agentes dedicados a prevenir a su Patria sobre lo que tramaban tan oscuros personajes.

Gerardo, el diplomático, el humorista, el joven enamorado, mantiene su firmeza en la prisión de máxima seguridad de Victorville, como un recordatorio de la firmeza de este pueblo. Adriana, su esposa y amiga, tal vez hablando por Cuba de los Cinco, nos dice que: “son los héroes de nuestras vidas, (...) Gerardo es un hombre con muchas virtudes y valores, del que yo me enamoré y sigo enamorada.

“Si han resistido las duras condiciones de prisión, si soportaron las presiones, si perdieron parte de su juventud, ¿cómo una no lo va a hacer? (...) Aquí podremos criticar lo que no nos gusta, pero a la hora de los mameyes este pueblo se aprieta el cinto.”